«En este artículo, el doctor Ramiro Fernández, jefe de Neurología del Hospital Clínico Magallanes, explica el origen de esta grave patología y los síntomas a los que se debe poner atención”.
La hemorragia intracerebral es uno de los accidentes cerebrovasculares (ACV) más graves. Corresponde cerca del 10% al 15% de todos los ACV, es responsable de una gran parte de la discapacidad (secuelas) y mortalidad asociada. Se produce cuando un vaso sanguíneo dentro del cerebro se rompe y la sangre invade el tejido nervioso, comprimiéndolo y dañándolo. Entender qué es, cómo se reconoce, cuándo consultar y cómo se previene esta patología puede marcar una diferencia en los resultados, disminuir las secuelas y la mortalidad.
¿Qué es lo que ocurre?
El cerebro está compuesto por una compleja red de neuronas y vasos sanguíneos que lo irrigan para aportar oxígeno y nutrientes. Cuando una arteria o arteriola se rompe, la sangre comienza a salir hacia el cerebro y se acumula como un hematoma que desplaza partes del cerebro y aumenta la presión dentro del cráneo (estructura rígida que no puede expandirse). En cuestión de minutos u horas dependiendo del volumen del hematoma, esa presión puede comprometer funciones como el movimiento, el lenguaje o la respiración.
A diferencia del infarto cerebral, donde un vaso se tapa y una parte del cerebro deja de recibir sangre, en la hemorragia intracerebral el problema es el sangrado directo al interior del tejido nervioso. Por eso, sus efectos pueden ser más bruscos y severos.

¿Por qué ocurre? Los factores de riesgo
El principal factor de riesgo es la hipertensión arterial mal controlada (no tratada o parcialmente tratada). Con los años, la presión alta daña las paredes de las arterias cerebrales, debilitándolas hasta que pueden romperse. Este daño es progresivo, silencioso y explica por qué la hemorragia es más frecuente en personas mayores de 60 años.
Otros factores de riesgo:
• Uso de anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios, que aumentan la facilidad para sangrar. Usado como tratamiento de otras patologías.
• Consumo excesivo de alcohol y drogas como la cocaína, que elevan bruscamente la presión.
• Malformaciones arteriovenosas o aneurismas, presentes desde el nacimiento en algunos casos.
• Trastornos de la coagulación, ya sean hereditarios o adquiridos.
• Amiloide cerebral, un depósito anormal de proteínas en los vasos sanguíneos que ocurre con la edad y que produce hemorragias en adultos mayores.
Al conocer los factores de riesgo se puede prevenir y disminuir el riesgo de una Hemorragia Intracerebral (HIC), e indica la importancia del control de la presión arterial y los hábitos de vida saludable.
Síntomas de alerta que deben hacer consultar
Los síntomas suelen aparecer de forma brusca o súbita y con focalidad neurológica (déficit neurológico). Entre los más característicos están:
• Dolor de cabeza intenso o “el peor de la vida”, especialmente si aparece súbitamente (característico de la rotura de aneurismas cerebrales).
• Déficits neurológicos bruscos: dificultad para mover un brazo o una pierna, desviación de la boca, pérdida del habla (disartria) o pérdida del lenguaje (afasia).
• Cefalea de inicio súbito junto a vómitos, somnolencia o confusión.
• Convulsiones en algunos casos (los menos).
• Pérdida de conciencia cuando el sangrado es masivo.
Ante cualquiera de estos signos, es fundamental actuar rápido (cada minuto cuenta) y acudir a un servicio de urgencia o llamar al SAMU. Donde será evaluado por un médico de turno y realizar imágenes si corresponde. Para poder realizar un diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado.
¿Como se realiza el diagnóstico?
El diagnóstico lo realizará un médico en servicio de urgencia, a través de la historia que entregue el paciente, familiar o testigo, el examen físico del paciente y exámenes complementarios si es que se requieren (habitualmente imágenes). La prueba fundamental es la tomografía axial computada (TAC) de cerebro. Este examen permite ver rápidamente si existe sangre dentro del cráneo, su ubicación y el tamaño del hematoma. Su rapidez es importante porque el tipo de tratamiento depende justamente del tamaño del hematoma, su ubicación y la situación clínica del paciente.
En algunos casos se solicita una resonancia magnética o un angioTAC de cerebro para ver los vasos sanguíneos, especialmente cuando se sospechan causas secundarias como malformaciones vasculares o aneurismas.
¿Qué se puede realizar? Tratamiento
El manejo inicial de urgencia es para estabilizar al paciente disminuyendo el riesgo de secuelas y muerte: Comienza en el servicio de urgencia. Controlar la presión arterial, la respiración y evitar que el hematoma aumente. Por ejemplo, si la persona toma anticoagulantes, deben revertirse rápidamente para disminuir el riesgo de continuar el sangramiento.
En algunos casos, los menos, especialmente cuando el sangrado produce mucha presión o está cerca de la superficie del cerebro, se considera la cirugía para evacuar el hematoma. Sin embargo, la decisión no es simple y depende del tamaño, la localización y las condiciones generales del paciente. En otros casos, el tratamiento principal es estrictamente médico, con vigilancia en una Unidad de Cuidados Intensivos o Intermedios.
La neurorehabilitación precoz es muy importante y se realiza desde el incio del cuadro una vez estabilizado el paciente, incluye kinesioterapia motora, terapia ocupacional y fonoaudiología, que va enfocada a recuperar en forma más rápida los déficits, mejorar el pronóstico funcional, y a cómo adaptarse en la vida cotidiana y laboral si a pesar de todas las terapias han quedado déficit neurológicos.
El pronóstico
La hemorragia intracerebral es un evento grave, pero no todos los casos son iguales. Algunos hematomas pequeños pueden dejar secuelas leves o incluso permitir una recuperación casi completa al absorberse en el tiempo. Otros, especialmente los profundos o extensos, tienen riesgo de mortalidad y al sobrevivir un riesgo mayor de discapacidad permanente. Factores como la edad, el tamaño del hematoma, la localización dentro del cerebro, el nivel de conciencia al momento del ingreso y la presencia de enfermedades previas influyen en el pronóstico. Aunque la mortalidad es alta, los avances en manejo intensivo y rehabilitación han mejorado significativamente la evolución de muchos pacientes. Y la rehabilitación cumple un rol fundamental.
Prevención: Lo que podemos hacer para evitar una HIC
Más del 50% de las hemorragias intracerebrales podrían prevenirse. Las medidas más efectivas son:
• Control estricto de la presión arterial. Es muy importante acudir a los controles médicos, llevar una vida saludable, tomar los fármacos indicados. Recuerde que la hipertensión arterial no da síntomas, pero causa daño en muchos órganos.
• Evitar el consumo excesivo de alcohol y no usar drogas.
• Revisar y hacer controles periódicos de los medicamentos, especialmente anticoagulantes.
• Hábitos de vida saludable: realizar deporte, dormir bien y comer saludable.
• Consultar por cefaleas intensas o síntomas neurológicos repentinos, sin esperar a que “pasen”.
La mejor herramienta en la promoción de salud y prevención es la educación: entender de qué se trata esta patología, como evitar tenerla y actuar frente a los síntomas en forma oportuna puede salvar vidas y disminuir los riesgos de secuelas.

Por Dr. Ramiro Fernández C.
Neurólogo – Jefe Neurología del Hospital Clínico Magallanes y docente de la carrera Medicina de la UMAG

