mayo 18, 2024

Control de peso y el temido “efecto rebote”

Conforme se acerca el verano es normal que aumente considerablemente la demanda por una serie de medicamentos y otros productos para el control de peso, los que con frecuencia son promocionados en diversos medios, inclusive como soluciones milagrosas.

Lamentablemente, y aunque estos productos en muchos casos permitan alcanzar el objetivo de perder algunos kilos en el corto plazo, no suele ser rentable ni seguro consumirlos por un tiempo ilimitado, y basta con dejar de consumirlos para empezar a experimentar el conocido “efecto rebote”. Algo similar ocurre con los regímenes alimenticios estrictos, algunos de moda cada cierto tiempo, y que al discontinuarse pueden echar por tierra todo el esfuerzo invertido.

Entonces, lo importante a la hora de buscar formas para bajar de peso y mantenerlo pasa por no solo seleccionar adecuadamente un método para facilitar la pérdida de peso (dietas, quemadores de grasa, supresores de apetito, entre otros), el cual incluso puede ser prescindible si disponemos del tiempo y la motivación necesarias, si no que insertar cambios en nuestro comportamiento que nos orienten a desarrollar mejores hábitos, los que repercutirán en nuestro estado de salud general a largo plazo, mucho más allá de lo que pueda indicar la balanza. 

Ahora, hablar de estilo de vida saludable es fácil, pero alcanzarlo es lo difícil, y la mayoría de los fracasos ocurren debido a que se trazan planes estandarizados y metas que son poco prácticas para la mayoría de los individuos, en función de su condición de base o su real posibilidad de implementar y sostener los cambios sugeridos. Es por eso que la asesoría siempre se debe aterrizar a la realidad de cada persona, con tal de establecer una estrategia con objetivos que el paciente considere alcanzables y donde pueda tener claros los beneficios que obtendrá, facilitando la adaptación a los cambios introducidos sin que ellos afecten negativamente su calidad de vida.

La recomendación general es no centrarse en la dependencia a productos milagrosos o dietas restrictivas, solo con miras a tener una “mejor figura”, si no que darse el prudente tiempo para mejorar los hábitos dietéticos, apuntando a la moderación y el equilibrio por sobre todas las cosas, así como tener una vida más activa, integrando el ejercicio físico de manera que resulte cómodo para las posibilidades de cada persona. Se requerirá paciencia para obtener recompensas, pero se lograrán de una forma mucho más natural y armónica para nuestro organismo.

POR LUIS GONZÁLEZ BURGOS
Químico Farmacéutico, Ms. Tox., Escuela de Medicina Universidad de Magallanes

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