Tragar o deglutir es un acto motor que hacemos frecuentemente, cientos de veces al día sin pensar, mientras bebemos algún líquido, comemos alimentos sólidos, tragamos saliva. Cuando esta función, casi automática se afecta, este proceso se vuelve difícil o incluso peligroso. A esta dificultad para tragar se le llama disfagia, un problema de salud más frecuente de lo que se cree y que puede afectar la nutrición, la hidratación y la calidad de vida, pudiendo aumentar el riesgo de neumonías.
¿Qué es la disfagia?
La disfagia es la dificultad para tragar o deglutir, es decir llevar los alimentos, líquidos o saliva desde la boca hasta el estómago. No es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede aparecer por muchas causas. Puede presentarse de forma leve (como sensación de que la comida “se queda pegada en la garganta”) o de manera más grave, incluso con “atoros” y aumenta el riesgo de neumonías aspirativas al llegar bacterias de la boca a nuestros pulmones.
En la deglución participan muchos músculos y varios nervios, por lo que cualquier alteración neurológica, muscular o anatómica puede interferir. Además cuenta de varias fases, destacando una oral, otra faríngea y por último una esofágica. Por lo tanto es importante saber la causa y el mecanismo que está alterado para definir el pronóstico, tratamiento y rehabilitación.Existen causas neurológicas y otras no neurológicas, las neurológicas afectan primero la ingesta de líquidos y después la de los sólidos, en cambio causas orgánicas o no neurológicas (tumores en esofago por ejemplos) afecta primero la ingesta de sólidos y finalmente líquidos.
Puede aparecer a cualquier edad, pero la disfagia es más frecuente en: Personas Mayores.pacientes con enfermedades neurológicas (por ejemplo, accidente cerebrovascular, Parkinson o demencia, Miastenia gravis), pacientes con cirugías o tumores de cabeza y cuello pacientes hospitalizados por largo tiempo o en UCI.

¿Cuándo consultar ? ¿Cómo se estudia?
Es importante consultar a un médico si aparecen síntomas como tos o carraspeo al comer o beber, sensación de comida atascada en la garganta, atoros frecuentes, voz “húmeda” después de tragar, pérdida de peso no explicada, neumonías a repetición. Cuando se sospecha una disfagia se evalúa en forma multidisciplinaria, el médico que la pesquise o a quien consulta es probable que realice una interconsulta al Neurólogo (para descartar causas neurológicas), al Otorrinolaringólogo o Gastroenterólogo según corresponda y al Fonoaudiologo quien realiza evaluaciones y terapias de rehabilitación dependiendo de la causa.
En el caso de causas neurológicas debemos definir si corresponden a enfermedades del Sistema Nervioso Central (Cerebro, tronco cerebral) o Sistema Nervioso Periférico (nervios, placa neuromuscular o músculo). En general se hará una historia neurológica, examen clínico y complementar con estudios como imágenes RNM encéfalo y es posible estudio del sistema nervioso periférico con una electromiografía. Por otro lado el Otorrinolaringólogo entre los estudios más usados está la videofluoroscopia de deglución y la endoscopía de la deglución. Estos exámenes permiten ver en tiempo real qué ocurre al tragar y donde puede estar el problema. El Gastroenterólogo podría hacer una endoscopia digestiva alta para ver el esófago. No a todos los pacientes se le deben realizar todos estos examenes, depende de la causa que se está estudiando. Determinada la causa y el momento de la deglución alterado, se puede indicar un tratamiento de la enfermedad y rehabilitación.
¿Por qué es importante detectarla?
La disfagia no tratada puede provocar complicaciones relevantes:Detectarla precozmente permite intervenir antes de que aparezcan estas consecuencias: desnutrición, deshidratación, neumonía por aspiración, aumento de hospitalizaciones, deterioro de la calidad de vida.
En qué consiste el tratamiento: Como ya mencionamos el manejo depende de la causa, pero en muchos casos la disfagia mejora significativamente con intervención adecuada.
Las estrategias pueden incluir:
• Modificación de la dieta. Cambiar la textura de alimentos y líquidos (por ejemplo, usar espesantes) puede hacer la deglución más segura.
• Rehabilitación de la deglución. Ejercicios específicos indicados por fonoaudiología ayudan a fortalecer la musculatura y mejorar la coordinación.
• Cambios posturales. Pequeños ajustes al sentarse o al posicionar la cabeza pueden reducir el riesgo de aspiración.
• Tratamiento de la causa de base. Por ejemplo, manejo del reflujo, tratamiento neurológico u otros.
Independiente de ello hay medidas generales que ayudan al paciente: Comer sentado y con calma, evitar hablar mientras se mastica y deglute, comer cantidades pequeñas, alternar sólidos y líquidos según indicación profesional. Mantener una buena higiene oral. No acostarse inmediatamente después de comer. Nunca se deben usar espesantes o cambiar la dieta sin evaluación profesional, ya que una textura inadecuada puede aumentar el riesgo, porque depende del tipo de disfagia.
En resumen la disfagia es frecuente, especialmente en personas mayores y en pacientes con enfermedades neurológicas, pero no debe considerarse normal. Consultar a tiempo permite prevenir complicaciones graves, poder hidratarse y alimentarse con seguridad. Si usted, un familiar o un amigo tiene señales de alerta al tragar, consultar a un profesional de salud es muy importante para recuperar una de las funciones esenciales de la vida, deglutir.

Por Dr. Ramiro Fernández C.
Neurólogo – Jefe Neurología del Hospital Clínico Magallanes y docente de la carrera Medicina de la UMAG

