Es posible prevenir algunos tipos de Demencia (deterioro cognitivo mayor), o más bien bajar el riesgo de que ocurra mediante hábitos saludables desarrollados a lo largo de la vida. Es lo que ya hemos mencionado como vida saludable y salud cerebral. Debemos saber que hay hábitos específicos a desarrollar para mantener nuestras habilidades cognitivas el mayor tiempo posible y así tener una vejez saludable. Muchas de las acciones que realizamos durante la vida pueden influir en la salud cerebral y en el riesgo de desarrollar demencia en la vejez.
En Chile, la esperanza de vida supera los 80 años y el número de personas mayores continúa creciendo. La demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, no es un envejecimiento normal. Se trata de un conjunto de enfermedades que producen un deterioro progresivo de la memoria, el pensamiento, el lenguaje y la capacidad para realizar actividades cotidianas. La enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular son las causas más frecuentes, aunque existen muchos tipos de demencia.
¿Cuales son estos factores de riesgo?
Cuidar nuestro cerebro comienza mucho antes de la vejez. Los hábitos que adoptamos desde la niñez y la adultez tienen un impacto acumulativo sobre el funcionamiento del cerebro. Por eso,debemos comenzar desde pequeños, en lo que conocemos como promoción de la salud (antes de que enfermemos), pero nunca es tarde para empezar, pues el daño es acumulativo y una vez teniendo patologías aún podemos actuar. Este concepto de salud cerebral la Organización Mundial de la Salud la define como la capacidad del cerebro para funcionar adecuadamente durante toda la vida, permitiendo pensar, aprender, recordar, comunicarse, trabajar, relacionarse con otras personas y mantener el bienestar emocional. En otras palabras, el objetivo no es únicamente vivir más años, sino vivirlos con independencia, autonomía y buena calidad de vida.

En esta línea lo principal es mantener una buena salud cardiovascular. El cerebro, como otros órganos, depende de una buena irrigación para recibir oxígeno, glucosa y nutrientes. La hipertensión arterial, la diabetes, dislipidemia (el colesterol elevado), la obesidad y el tabaquismo aumentan el riesgo de daño de los vasos que van al cerebro y favorecen el desarrollo de demencia. Evitar estas enfermedades y si las padecemos controlarlas y tratarlas con controles médicos periódicos, alimentación saludable, ejercicios y el tratamiento indicado por el médico es una de las formas preventivas más efectivas.
La actividad física es muy importante. Caminar, correr, nadar, andar en bicicleta o realizar ejercicios no solo fortalece los músculos y articulaciones, sino que mejora la circulación cerebral, forma nuevas conexiones entre neuronas y disminuye la inflamación. La recomendación es realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, adaptándose a la edad y estado de cada persona.
Otro pilar importante es la alimentación: Una dieta saludable abundante en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva se ha asociado con un menor riesgo de deterioro cognitivo. A diferencia del consumo excesivo de alimentos ultraprocesados, azúcares, grasas saturadas y sal puede afectar la salud cardiovascular y cerebral.
Dormir bien es muy importante. Durante el sueño, el cerebro realiza procesos de reparación, actividad cognitiva y elimina sustancias tóxicas que se acumulan durante el día. Dormir menos o tener trastornos como la apnea del sueño puede afectar la memoria y aumentar el riesgo de deterioro cognitivo. De esta manera si ronca, presenta pausas respiratorias o somnolencia excesiva durante el día, es recomendable consultar con un profesional de la salud.
Mantener actividad neurocognitiva es otra recomendación muy importante. Leer, estudiar, aprender un nuevo idioma, tocar un instrumento musical, participar en talleres, desarrollar nuevos pasatiempos estimula diferentes áreas cerebrales y redes neuronales y evita su atrofia. Lo importante no es realizar actividades repetitivas, sino realizar actividades nuevas que estimulan nuestro cerebro, esto favorece la denominada reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para compensar los cambios asociados al envejecimiento o a algunas enfermedades. Mientras mayor sea esta reserva, mayor será la capacidad para mantener un buen funcionamiento cognitivo durante la vida.
Mantener las relaciones sociales es uno de los aspectos más importantes. Compartir con familiares y amigos, participar en grupos, realizar voluntariado o mantener conversaciones frecuentes ayuda a mantener funciones cognitivas y favorece el bienestar emocional. El aislamiento social y la soledad prolongada se ha asociado claramente con un mayor riesgo de demencia.
Cuidar la salud mental también es importante, está muy ligada a la salud cerebral, por ejemplo una depresión, cuando no recibe tratamiento, puede afectar la memoria, la atención y otras funciones cognitivas y en el tiempo desarrollar deterioro cognitivo, una demencia. Debemos buscar ayuda profesional frente a síntomas de tristeza, ansiedad o estrés lo que beneficia tanto la calidad de vida como la salud del cerebro.
Algo importante y que a veces se olvida es cuidar la audición y la visión. La pérdida auditiva no tratada dificulta la comunicación y favorece el aislamiento social, y los problemas visuales limitan la participación en actividades cotidianas. El uso de audífonos o la corrección de alteraciones visuales puede contribuir a mantener una vida más activa e independiente, manteniendo el contacto social.
Evitar el consumo de tabaco, drogas y moderar el consumo de alcohol es muy importante ya que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pueden producir daño directo sobre el cerebro.
Actualmente no existe una forma de prevenir todas las demencias, pero la evidencia científica demuestra que un estilo de vida saludable puede disminuir significativamente el riesgo o retrasar su aparición durante varios años. Cada cambio suma aunque sea pequeño: Controlar la presión arterial y patología de riesgo cardiovascular, caminar diariamente, alimentarse de forma equilibrada, dormir bien, mantener vínculos sociales y continuar aprendiendo son pequeños pasos que sumados logran grandes beneficios para nuestra salud cerebral. No olvidar que la mejor estrategia para prevenir la demencia comienza hoy.
Los 14 factores de riesgo modificables identificados por la Comisión Lancet
La evidencia científica actual reconoce catorce factores sobre los cuales podemos intervenir para disminuir el riesgo de demencia:
• Baja escolaridad o escasa estimulación cognitiva durante la infancia.
• Pérdida auditiva no tratada.
• Colesterol elevado.
• Depresión.
• Traumatismos craneales.
• Inactividad física.
• Diabetes mellitus.
• Tabaquismo.
• Hipertensión arterial.
• Obesidad.
• Consumo excesivo de alcohol.
• Aislamiento social.
• Contaminación ambiental.
• Pérdida visual no corregida.
No todas estas condiciones afectan por igual a cada persona, pero mientras más factores logremos controlar, mayor será la probabilidad de proteger la salud cerebral.

Por Dr. Ramiro Fernández C.
Neurólogo – Jefe Neurología del Hospital Clínico Magallanes y docente de la carrera Medicina de la UMAG

