“Movimiento, música y conexión con las propias emociones se unen en una práctica que busca favorecer el bienestar integral. Más que aprender pasos de baile, la danzaterapia invita a escuchar el cuerpo, expresarse sin juicios y reconectar con uno mismo, nos cuenta Vanessa Barría, fundadora de Huma, Humanidad Unida por el Movimiento Auténtico”.
Hay momentos de la vida en que el cuerpo cambia, las emociones se transforman y las exigencias cotidianas dejan poco espacio para detenerse y escucharse. En ese contexto, encontrar herramientas que permitan reconectar con el propio cuerpo y favorecer el bienestar puede convertirse en una verdadera necesidad.
La danzaterapia transpersonal propone justamente ese espacio. Para Vanessa Barria, kinesióloga y guía de danzaterapia, se trata de una herramienta terapéutica que, mediante el movimiento auténtico, permite conectar con el mundo interior y expresar emociones y pensamientos como parte de un proceso de autoconocimiento.
“Considera al cuerpo como una bitácora o libro de vida, donde existen respuestas e información que necesitamos mirar, trabajar y transformar”, explica.
No se trata de bailar bien
A diferencia de una clase tradicional de danza o de una rutina de ejercicio, en la danzaterapia no existen pasos que aprender ni una coreografía que ejecutar correctamente. El movimiento es libre, espontáneo y consciente.
Aunque cada sesión cuenta con una estructura y una metodología, la invitación es a que cada persona explore cómo quiere y necesita moverse. “Lo que buscamos es que el cuerpo se exprese libremente, no que siga una pauta”, señala Vanessa.
Esta libertad permite integrar distintas dimensiones de la persona: física, mental, emocional y espiritual, favoreciendo una experiencia de bienestar que va más allá del movimiento corporal.
Beneficios que comienzan en el cuerpo
El movimiento consciente puede contribuir a mejorar la coordinación, el equilibrio, la flexibilidad, la propiocepción y el esquema corporal, además de fortalecer el aparato locomotor y acondicionar el sistema cardiovascular.
Pero sus beneficios también alcanzan el ámbito emocional y cognitivo. La práctica puede favorecer la neuroplasticidad, la integración de funciones sensoriales, motoras y cognitivas, y contribuir a disminuir el estrés, mejorar el ánimo y fortalecer la autoestima.
Además, el movimiento y la música pueden favorecer mecanismos asociados a la regulación del sistema nervioso. Durante la actividad física se liberan neurotransmisores relacionados con el bienestar, como endorfinas, dopamina, serotonina y oxitocina, mientras disminuyen los niveles de cortisol, asociado a la respuesta de estrés.
Por ello, la danzaterapia puede utilizarse como herramienta complementaria en procesos vinculados a la salud física y emocional, tanto de manera individual como grupal y en distintas etapas de la vida.
Un espacio especialmente valioso para las mujeres
Para Vanessa, recuperar la conexión con el propio cuerpo adquiere especial importancia durante etapas de grandes transformaciones, como la maternidad, el climaterio y la menopausia.



Foto 1: “Para mí la danzaterapia ha significado aprender a descansar la mente, a despertar las emociones y dejarlas fluir a través del movimiento corporal espontáneo que surge del interior, del corazón”,afirmó Jimena González.
Foto 2: Gricelda Ruiz de 72 años, participa una vez a la semana en Danzaterapia. Esto ha sido maravilloso, porque tengo varias enfermedades autoinmunes, como colangitis biliar primaria, gamapatia monoclonal, al límite de tener cáncer de huesos, osteoporosis, artrosis y esclerosis sistémica progresiva limitada, también el mal de Reynaud. Esta danza me permite sobrellevar dolores, levantar el ánimo, sentir que todo se puede cuando uno quiere. “Somos un lindo grupo, bien amigable y afiatadas y la profe un 7”.
Foto 3: “Participar en las sesiones de danzaterapia con Vanessa fue una experiencia profundamente transformadora. A través del movimiento logré reconectar con mi cuerpo, liberar emociones guardadas y sentirme mucho más liviana en mi día a día. Es un espacio seguro, contenedor y liberador”. Carolina Ruiz.
“A medida que tenga mayor autoconocimiento y conexión con mi cuerpo, podré transitar de manera más orgánica y fluida ante todos los cambios que forman parte de estas etapas”, plantea.
En una sociedad marcada por la exigencia y la necesidad permanente de cumplir roles, disponer de un espacio donde no sea necesario “hacerlo bien” puede resultar profundamente reparador. La danzaterapia propone justamente lo contrario: expresarse sin juicio, sin culpa y sin la presión de responder a expectativas externas.
Danzaterapia no exclusiva
Vanessa Barría destaca que la danzaterapia no es una práctica exclusiva para personas sanas o con trastornos leves, sino una herramienta inclusiva y profundamente sanadora que acoge a quienes enfrentan patologías físicas y discapacidades severas, como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple o afecciones graves en la columna. A través de su experiencia de trabajo en este ámbito, releva cómo el movimiento y la danza transforman vidas, demostrando que esta disciplina es un vehículo reparador y de bienestar universal para cualquier persona, derribando la idea de que el movimiento está reservado solo para quienes no tienen limitaciones motoras.
Ese espacio de libertad también puede impactar positivamente en la autoestima y en la percepción del propio cuerpo. Según Vanessa, el proceso de conectar con el cuerpo y abordar experiencias emocionales puede generar transformaciones que luego se reflejan en distintos ámbitos de la vida.
Volver a escucharse
La invitación, finalmente, es sencilla: detenerse y escuchar aquello que muchas veces queda relegado frente a las obligaciones cotidianas.
“Si llegaste hasta acá leyéndome, quizás es tu momento de reconectar con tu poder interior, permitirte expresarte, habitar tu cuerpo y ser plena, sana y feliz de la forma que elijas vivir”, afirma Vanessa.


