«Más que caminar entre árboles, los baños de bosque invitan a detenerse, despertar los sentidos y reconectar con el entorno. Una práctica que encuentra en los paisajes de Magallanes un escenario privilegiado para favorecer el bienestar físico, emocional y mental”.
Caminar por un bosque sin preocuparse por la distancia, el ritmo ni la meta. Detenerse a escuchar el agua de un río, observar los colores de las hojas, sentir el viento en el rostro o simplemente permanecer en silencio. Esa es la esencia de los llamados baños de bosque, una práctica que propone cambiar la manera en que nos relacionamos con la naturaleza.
Miriam Fuentes Zamorano, técnica en farmacia, instructora de yoga y guía certificada de baños de bosque, explica que la experiencia está lejos de ser una actividad deportiva. Desde Ecoyoga Patagonia, donde desarrolla el área creativa, ha incorporado esta práctica como una herramienta de conexión y bienestar.

“En los baños de bosque no es lo importante cuánta distancia recorres, sino la manera en que la recorres”, explica Miriam. La invitación es a dejar de lado la exigencia cotidiana y permitir que los sentidos vuelvan a ocupar un lugar central.
La experiencia comienza con una “armonización de los sentidos”, similar a una práctica de meditación o mindfulness. El objetivo es disminuir los estímulos propios de la vida urbana y llevar la atención hacia aquello que muchas veces pasa inadvertido: los sonidos, aromas, texturas, colores y sabores presentes en el entorno.
“Los baños de bosque te invitan a contemplar, a parar un rato y a dejar toda la exigencia de nuestro mundo moderno fuera”, señala.
El efecto de detenerse
La práctica de los baños de bosque se originó en Japón y ha sido estudiada por sus posibles efectos sobre el bienestar. Entre los beneficios descritos se encuentran una disminución del estrés, una sensación de relajación y cambios favorables en algunos indicadores asociados a la respuesta fisiológica frente al estrés.
Para Miriam, una de las claves está en que la experiencia permite activar el sistema nervioso parasimpático, asociado a los estados de descanso y recuperación.
“Los baños de bosque tienen un efecto casi inmediato. Activan tu sistema nervioso parasimpático, que es el sistema nervioso que se relaciona con nuestra sensación de bienestar”, afirma.
En los bosques también están presentes compuestos naturales liberados por las plantas, conocidos como fitoncidas, que han despertado interés científico por su posible relación con algunos efectos fisiológicos observados durante estas experiencias.
Pero más allá de los mecanismos biológicos, hay algo que Miriam considera fundamental: aprender nuevamente a mirar y escuchar.
En un bosque, el silencio no significa ausencia de sonidos. Es posible distinguir el agua que corre, el movimiento de las ramas, el viento y el canto de las aves. “Cuando tú estás en un bosque y escuchas pájaros, sabes que estás en un lugar seguro, porque los pájaros no cantan cuando tienen miedo”, comenta.
Magallanes, un territorio para reconectar
En Magallanes, esta experiencia adquiere características particulares. Los bosques australes, las turberas, montañas, ríos, costas, viento y lluvia conforman un paisaje que ofrece múltiples posibilidades para desarrollar esta práctica.
Ecoyoga Patagonia ha realizado experiencias de baños de bosque en lugares como Club Andino, Parque del Estrecho, Reserva Nacional Magallanes, Reserva Parrillar y Torres del Paine, entre otros espacios naturales.


Miriam (foto superior) también destaca la presencia de los llamados “espacios azules”, relacionados con el mar, los ríos y otras fuentes de agua. El sonido del agua, explica, se transforma en otro elemento que favorece la conexión con el entorno.
La propuesta, sin embargo, no exige grandes desplazamientos. Un bosque, una plaza, un jardín o incluso una avenida arbolada pueden convertirse en un espacio para practicar. “No necesitas subir una montaña para conectar con la naturaleza”, plantea.
Para Miriam, ese cambio de mirada es especialmente relevante en una región donde la naturaleza forma parte de la vida cotidiana, pero muchas veces es utilizada simplemente como escenario.
Mi Camino a los 50: transitar una nueva etapa
Esa misma búsqueda de conexión está presente en “Mi Camino a los 50”, un programa creado por Miriam para acompañar a mujeres durante una etapa de transformaciones físicas, emocionales y personales.
La propuesta combina contacto consciente con la naturaleza, baños de bosque, yoga, respiración, meditación, escritura y espacios de reflexión. También contempla preguntas y ejercicios que se envían a través de la aplicación WhatsApp y otros contenidos audiovisuales.


