septiembre 24, 2026

Impacto de la vitamina D en la salud 

A menudo asociamos la salud con la falta de dolor, el aspecto físico o un correcto estilo de vida. Sin embargo, en el extremo sur del mundo, existe un elemento vital que no depende de la mesa ni de la actividad física, sino del cielo: la Vitamina D. Conocida popularmente como la “vitamina del sol”, este compuesto actúa en realidad como una potente hormona en nuestro cuerpo, regulando desde la absorción de calcio en los huesos hasta el correcto funcionamiento de nuestras defensas.

¿Qué es y por qué nos importa tanto?

La vitamina D es un nutriente esencial, pero con una particularidad única: a diferencia de otras vitaminas que se obtienen principalmente de los alimentos, la mayor parte de la vitamina D que necesitamos (cerca del 80% o 90%) la fabrica nuestra propia piel cuando entra en contacto directo con los rayos ultravioleta B (UVB) del sol.

Su rol tradicional es asegurar que el calcio se fije en los huesos, previniendo la osteoporosis y las fracturas. Pero la medicina moderna ha demostrado que va mucho más allá. Es clave para mantener activo el sistema inmune, modular la inflamación, proteger la salud cardiovascular e incluso influir positivamente en nuestro estado de ánimo.

El “Desafío Magallánico”: Vivir bajo el paralelo 53

Vivir en la Región de Magallanes representa un desafío biológico. Debido a nuestra latitud extrema, la inclinación de los rayos solares durante gran parte del año, especialmente entre otoño e invierno, hace que la atmósfera filtre la radiación UVB necesaria para activar esta vitamina.

A esto se suma el clima y el viento, que nos obligan a salir completamente abrigados. Si el sol no tiene la fuerza suficiente y, además, solo exponemos el rostro por unos pocos minutos, la producción natural cae a niveles mínimos. En la práctica clínica en el principal recinto de salud de nuestra región evidenciamos que una gran mayoría de los magallánicos presenta niveles subóptimos de este nutriente.

Experiencia internacional

De hecho, en países del hemisferio norte que comparten latitudes extremas como nosotros, como por ejemplo Finlandia, Canadá o el Reino Unido, la falta de sol invernal ya no se trata como un problema individual, sino como una prioridad de salud pública. En estas naciones se han implementado estrategias estatales masivas, como la fortificación obligatoria con vitamina D de alimentos de consumo diario (por ejemplo, la leche, los lácteos y los cereales de desayuno) y la recomendación gubernamental de suplementar de forma universal a toda la población durante los meses más oscuros del año. Seguir estos ejemplos internacionales sería lo óptimo en la región chilena patagónica y antártica, al ser una necesidad ambiental colectiva.


¿Quiénes deben suplementarse?

Aunque el déficit es un problema transversal en la región, la suplementación médica se vuelve prioritaria en ciertos grupos de riesgo:

• Personas mayores: Con el avance de la edad, la piel disminuye significativamente su capacidad de síntesis cutánea y los riñones la activan con menor eficiencia.

• Personas postradas o con movilidad reducida: Aquellas personas que por su condición de salud deben permanecer largas temporadas en interiores, careciendo de exposición directa al aire libre.

• Embarazadas y lactantes: Etapas críticas donde asegurar niveles óptimos es fundamental para el correcto desarrollo óseo, muscular y sistémico del bebé.

El peligro de automedicarse: El riesgo del exceso

Dado que el déficit es la norma en nuestra zona, la tentación de adquirir suplementos por cuenta propia en farmacias es muy común. Sin embargo, es vital advertir que el exceso de Vitamina D es peligroso. Al ser una vitamina liposoluble, el cuerpo no elimina el excedente a través de la orina, sino que lo acumula en los tejidos grasos. Una sobredosis o “hipervitaminosis D” puede provocar una absorción desmesurada de calcio en la sangre (hipercalcemia), lo que clínicamente se traduce en náuseas, fatiga crónica, confusión, arritmias cardíacas y, a largo plazo, depósitos calcáreos que generan daño renal severo. No se trata de tomar dosis masivas a ciegas.

Recomendaciones generales

• Exposición consciente: En los meses de primavera y verano, intente exponer brazos y piernas al sol cerca de 15 minutos diarios, idealmente en las horas de mayor radiación, pero cuidando rigurosamente de no llegar a la quemadura de la piel y luego siempre utilice fotoprotectores (bloqueador solar). 

• Apoyo en la dieta: Aunque aporta en menor porcentaje, sume a su menú alimentos ricos en este nutriente como pescados grasos (salmón, jurel, sardina), yemas de huevo y lácteos fortificados.

• Control médico obligatorio: Antes de iniciar cualquier esquema de suplementación, es indispensable realizarse un examen de sangre (25-hidroxivitamina D) para que su médico de cabecera evalúe su caso y prescriba la dosis exacta y segura que su organismo necesita.

En definitiva, en una región con inviernos tan prolongados, vigilar nuestros niveles de vitamina D es fundamental para proteger nuestra salud ósea y mantener fuerte el sistema inmune. Cuidar este “escudo” en el extremo austral del planeta es vital para garantizar nuestra salud y buena vida.


Dr. César Quezada R. 
Médico Cirujano y Kinesiólogo – Unidad de Hospitalización Domiciliaria 
Hospital Clínico Magallanes

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