junio 25, 2024

“Siempre estamos propensos a que esa ansiedad pasajera pueda pasar a prolongarse”

La ansiedad puede manifestarse de diversas formas en las personas, y se gesta debido a que se piensa en exceso en el futuro, en lo que supuestamente vendrá, llevando a situaciones inexistentes, pero que sí generan emociones muchas veces perjudiciales para la salud mental”.

Antes de que se desatara la crisis sanitaria del Coronavirus, el estilo de vida que predominaba para la mayor parte de la población, presentaba una tendencia clara a generar ansiedad. De hecho, era común conocer a alguien “ansioso”.

Ahora con la pandemia del COVID-19, sin duda se generan contextos más extremos que pueden provocar o agravar conductas ansiosas, afectando la salud de las personas.

Para conocer más sobre la ansiedad e intentar implementar ciertas recomendaciones para su manejo, el psicólogo magallánico, Ignacio Vera explica este estado mental en adultos y niños.

¿Cómo podemos definir la ansiedad?

“Como emoción, la ansiedad es una manera particular de situarnos o posicionarnos anímicamente, corporalmente y comportamentalmente respecto al futuro. Aunque suene contradictorio, es como estar viviendo una situación que aún no se lleva a cabo. Entonces, el estar ansioso significaría estar expectante, inquieto, preocupado y/o inseguro por la resolución o repercusión de algo que puede o nos podría suceder”.

¿Cómo se manifiesta o cómo una persona puede identificar ese estado?

“Podemos sacar muchos casos de la vida cotidiana. Por ejemplo, una discusión de pareja que termine en un frío ‘hablamos después’, un email de una profesora señalando que subirá las notas de un examen a tal hora en específico o la espera de un resultado de un informe médico, nos sitúan y predisponen de cara a eso que va a suceder anclándonos hacia el futuro. Ahora, la manera en que la ansiedad se manifieste puede ser diversa, por ejemplo, puede ir escalando gradualmente desde la espera y preocupación expectante hacia inquietud motora, nerviosismo, sudoración, irritabilidad, estado constante de alerta, pensamientos excesivos, problemas de concentración y así. Su manifestación dependerá mucho del contexto, es decir, de la situación expectante, de las cosas o personas involucradas y de la historia de vida actual de cada persona”.

¿Qué tipos de ansiedad existen?

“Podemos identificar tres tipos de ansiedad: 1) la ansiedad momentánea como la espera o preparación de la resolución de un hecho específico o concreto (importante para nosotros), y que durante ese lapso nos sitúa como inquietos, preocupados o hasta inseguros; 2) la ansiedad prolongada que ocurre cuando, a pesar de que ese hecho específico ya aconteció, anímicamente seguimos (durante un tiempo limitado) estando preocupados y distraídos por sus consecuencias; 3) la ansiedad estable o general es una predisposición anímica en la que, en contra de nuestra voluntad, nos habituamos o acostumbramos a estar preocupados, alertas e inseguros por situaciones futuras, de modo que situaciones aparentemente triviales adquieren el carácter de ser muy significativas”.

¿Cuál es el tipo de ansiedad más común?

“Como ya vimos, hay que tener claro que la ansiedad es una emoción que tiene que ver con el tiempo. Y nosotros las personas normalmente -en nuestro común movimiento diario- estamos expectantes, predispuestos y posicionados anímicamente dispuestos hacia algo: de tener un buen día en el trabajo, de llegar a la casa y almorzar o poder descansar, de poder ver a algún amigo/a o ser querido, etc. Esta es la manera común de ‘relacionarnos con el tiempo’ día a día: estando absorbidos por nuestros intereses, desde los más corrientes hasta los más profundos.

Ahora bien, el mundo acelerado y altamente tecnológico en el que vivimos nos predispone a estar ‘sumergidos’ diariamente en una red de múltiples contextos, por lo que se podría decir que el ritmo actual de la vida cotidiana nos incita a ser unos ‘ansiosos funcionales’. Así que, respondiendo a tu pregunta, las ansiedades más comunes son la momentánea y la prolongada, dado que siempre estamos propensos a que esa ansiedad pasajera pueda pasar a prolongarse porque la resolución de un hecho no fue exitosa o no cumplió con nuestras expectativas”.

Adultos y niños

¿Cómo se manifiesta la ansiedad en los niños?

“Siguiendo el hilo anterior, en los niños también está presente, y más marcado aún, el hecho de encarnar esa seguridad y expectativa de que todos los días sean fluidos y espontáneos. Y como la vida humana no está libre de complicaciones, a algunos niños se les podría quebrar ese ‘hábito feliz’ por problemas en su entorno (familiar y/o escolar). Así, podrían experimentar problemas como: preocupación excesiva por algún tema en particular, irritabilidad, problemas de sueño, miedos, fobias, dolores de cabeza, hiperactividad, déficit en la atención, etc.”.

¿Cómo se puede manejar la ansiedad en los niños?

“Para manejar y poder resolver la ansiedad en los niños, tenemos que prestar atención, en primer lugar, a las indicaciones que el niño nos otorgue. Por ejemplo, si el problema es el miedo a la oscuridad, tenemos que siempre ocupar el lenguaje del niño para resolverlo. O sea, tenemos que ser concretos y tratar de ir exteriorizando o ‘echando fuera’ el problema, ocupando elementos lúdicos, narrativos y/o creativos para hacerlo; por ejemplo, con un juego, cuento, dibujo, etc. Si uno de estos recursos nos muestra que el miedo a la oscuridad es porque de noche los papás discuten con muchos gritos, entonces la tarea es doble: solucionar los ‘problemas en la casa’ y a su vez ir haciendo que el niño tenga un espacio seguro para expresarse y seguir ‘echando fuera’ su problema. Como ves, esto requiere tiempo y dedicación, pero si la familia tiene el interés y la iniciativa para resolverlo lo más probable es que puedan hacerlo con éxito”.

¿Cómo se puede manejar la ansiedad en adultos? ¿Existen recomendaciones generales?

“De la misma manera que un niño pero más ‘sencilla’, porque el adulto tiene el poder de verbalizar, narrar su problema e identificar por sí mismo qué y cómo es su problema. Sencilla entre comillas, porque estar en el mundo adulto implica tener que hacerse cargo de uno mismo día a día, lo que implica tener una serie de pre-ocupaciones que nos podrían impedir cuidarnos de la manera que mejor quisiéramos. Ahora bien, teniendo en cuenta que cada caso es único, podemos de igual manera generar algunas directrices para tratar de convivir con nuestra ansiedad de manera amigable:

1) Recordar situaciones en las que hayas vivido alguna situación de ansiedad momentánea y ver cómo pudiste sobrellevarlo en ese tiempo. En otras palabras podrías preguntarte: ¿qué fue lo que hice para sobrellevar mi ansiedad en ese tiempo? Sabiendo qué fue lo que hiciste, puedes tratar de replicarlo otra vez.

2) También es importante, si podemos, repasar algún capítulo de vida en el que hayamos vivido una ansiedad de tipo prolongada, para así tratar de reconocer qué hicimos para resolverla. Aquí podríamos preguntarnos: ¿qué pasó o qué hice para volver a recuperar mi estado de ánimo?

3) En este punto es importante tener redes de apoyo, pues ser capaces de expresarle nuestro estado de ansiedad a algún ser querido o de confianza nos permite ‘echar afuera’ y compartir lo que estamos sintiendo. Además de narrar nuestra ansiedad, también podríamos aprender de otras experiencias. Es decir, también podríamos preguntarle a ese ser querido si pasó en su vida por un periodo de ansiedad momentánea o prolongada y tratar de saber cómo pudo sobrellevarlo o resolverlo”.

¿Existen personas con mayor tendencia a ser ansiosas o hay hechos en la historia vital que la gatilla?

“Tu pregunta puede ser respondida de esta forma: en la vida de cada persona pueden ocurrir hechos que la predispongan a situarse de manera ansiosa frente tal o cual cosa. Pensemos en la vida cotidiana: rupturas amorosas, problemas relacionales (entre amigos, por ejemplo), noticias inesperadas, accidentes, problemas de rendimiento (laboral, deportivo, académico), problemas dentro de una cultura familiar determinada, etc. Todas situaciones o contextos significativos que cualquier persona podría vivir. Ahora, la dirección y el sentido que tome esa situación determinarán cómo esa persona se posicione posteriormente en su vida diaria. En otras palabras, depende mucho de la manera en que concretamente se vaya resolviendo ese problema y de cómo esa persona pueda apropiarse de lo sucedido, es decir, de cómo asimile el ‘cambio de posición’ que tiene que realizar.

La historia de vida detrás de una persona que sufre de una mayor tendencia a ser ansiosa, entonces, podría revelarnos de una situación actual y también de situaciones pasadas (dentro de un capítulo de vida específico) en las que su vida le exigía adueñarse de una nueva posición y no pudo hacerlo por motivos que, en ese momento, iban más allá de su propia voluntad.

Ahora bien, aunque la biología pueda decirnos que el componente genético está presente, el hecho de tener que vivir día a día es un dominio que no puede ser reducido al ADN o al componente neuronal, pues aunque suene obvio, nadie en su día a día está sintiendo cómo están funcionando sus genes o conexiones cerebrales. Entonces, pareciera ser que para analizar la vida de una persona tal como la vive se necesita otro tipo de método, pues es innegable el hecho que cada persona encarna una historia propia, única, singular. Así, ver las afecciones psicológicas desde cada vida en particular resulta mucho más respetuoso y ético que hacerlo desde un argumento, teoría o visión preestablecida”.

 

 

POR:  Ignacio Vera,
Psicólogo

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