mayo 18, 2024

Conciencia e inconciencia parental: una reflexión

Por diversos motivos, como la presión social, los padres acceden a que sus hijos e hijas realicen acciones que no siempre son favorables para su desarrollo, como el uso de pantallas. El rol educativo y orientador debe ser prioridad”.

Existe el dicho; “nadie le enseña a uno a ser padre”, pero en estas palabras se obvia la diferencia entre la inexperiencia frente a este nuevo rol y el accionar/pensamiento lógico que debiese estar presente en el periodo de crianza.

En la crianza, este nuevo rol que puede adquirir un padre o madre, se sobrepone al mundo que pueda tener como hombre o mujer en solitario, ya que un hijo o hija manifestará necesidades que involucran su desarrollo futuro.

Considerando lo anterior, no es de extrañar que muchos hombres y mujeres puedan entrar en un estado de conflicto interno donde sienten que pierden su individualidad y su vida producto del tiempo empleado en el cuidado de sus hijos. Por lo cual no es raro que muchos intenten recuperar lo que sienten que han perdido. Después de todo, la rutina en sus vidas ha cambiado.

Algunos piensan que este estado de conflicto es producto de una inmadurez parental, otros creen que es causa del ritmo vertiginoso con el que se mueve la sociedad, a través de situaciones laborales, sociales y educativas, lo que también es potenciado por las proyecciones individuales que estos posean.

Si las personas no cuentan con la capacidad de equilibrar su mundo interior con este nuevo rol asociado a la parentalidad, puede ser frecuente la aparición de acciones asociadas a la negligencia parental o complicaciones en la atención constante que requiere un hijo o hija en sus primeros años.

El gran problema de todo lo expresado anteriormente, no radica en que suceda, ya que esto puede estar presente incluso en todos quienes se aventuran en el mundo de la crianza, lo complejo recae cuando un padre o madre adquiere un pensamiento que normaliza malas practicas.

La “presión social”

La complejidad de lo anterior radica en la inconsciencia de los padres en el proceso de crianza normalizando malas prácticas que visualizan como comunes a causa de la presión de grupo y otros factores, ignorando muchas veces el estado madurativo en que se encuentra un niño o niña. Frente a esto es común escuchar frases asociadas al control de acceso tecnológico o aspectos sociales del niño o niña, tales como “lo dejo ver eso porque a él le gusta y así se queda tranquilo” o “ella quiere aquello porque todos sus amigos también lo tienen o hacen”. 

Por ejemplo, si se expone a un niño o niño a pantallas en largos periodos de tiempo, estamos bloqueando el desarrollo del cerebro de este, ya que lo que realmente requiere son experiencias que involucren exploración y descubrimiento, lo anterior conlleva a la adquisión de habilidades a nivel cognitivo. La pantalla no ayuda en esto.

Lo que menciono no es nuevo, es algo que se ha estado haciendo hincapié en la sociedad hace ya varios años, pero aun así hay personas que hacen caso omiso a este tipo de orientaciones, justificándose a través de expresiones que apoyan aparentemente el bienestar emocional y acceso recreativo de sus hijos.

Es aquí donde el rol de padre o madre orientador/guía parece no existir y se visualiza más un rol de padre mantenedor, ya que, al satisfacer las aparentes necesidades reales de los hijos, se alejan de las acciones que involucran interacción y mediación parental. Hay mucho que los hijos no conocen, se supone que uno sabe más que ellos por experiencia, y es por eso el rol de mediador en el conocimiento e interacción de ellos hacia el mundo es tan importante.

Cómo mejorar

Entonces ¿Cuál es el problema?, puede ser una mezcla de falta de empoderamiento e ignorancia de los conocimientos propios que posee un padre o una madre y una percepción no muy centrada del mundo cambiante. Lo que podríamos llamar desconocimiento aleja la conciencia de los padres y madres de la proyección futura de los hijos, obviando la necesidad de ellos de adquirir un desarrollo y habilidades asociadas al autocuidado, el pensamiento y al aprendizaje; aspectos que permiten al ser humano abrirse con naturalidad en esta sociedad tan agresiva y divergente.

Por último, mencionar que bajarle el perfil a situaciones que se visualizan como negativas para el desenvolvimiento de los hijos, no es positivo para su desarrollo, aunque muchas veces el pensamiento de “es muy pequeño/a” juega en contra, porque sabemos que cada uno se desarrolla a ritmos distintos, pero a su vez existen ocasiones donde son evidentes las dificultades en los hijos/as más allá de su edad o estado madurativo.

Sin embargo, considerando todo lo expresado en este texto la invitación es a ejercer un rol parental consciente de proyección positiva hacia el desarrollo de los hijos, tomando las medidas necesarias para un bienestar real en ellos y no uno ficticio.

POR:
Reinaldo Jara Martínez
Psicopedagogo licenciado en Psicopedagogía, Universidad Tecnológica de Chile INACAP

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